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| verano 2011
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alEgrías y pEnas. problEmas y solucionEs. suEños y misErias. todo cabE a
rEsguardo dE un sobrE. la tinta indElEblE viaja gracias a corrEos hasta las
plumas dE muchos dE los grandEs EscritorEs dE nuEstro tiEmpo quE traman toda
clasE dE historias con las quE han dE Encandilar a los lEctorEs.
También en los tebeos, la figura del cartero ha
hecho acto de aparición, cobrando mayor o menor
protagonismo. Dos ejemplos de ello han sido el de Jon
Bonachon, siempre soportando al gato Garfield cada
vez que va a entregar correspondencia, o Willie Lumpkin
­creado por Stan Lee y Jack kirby­, un cartero que tenía
encomendada la tarea de llevarles las misivas a los
superhéroes conocidos como los Cuatro Fantásticos.
Súper cartero
(1985). este detalle, a priori circunstancial,
dará pie a una curiosa, coherente y pausada
revolución con la que renacerá, poco a poco,
la esperanza de los más desfavorecidos.
¡Cómo no! La obra también tuvo su adapta-
ción cinematográfica. en 1995, kevin Costner
dirigió, produjo y protagonizó the postman
(en españa, El mensajero del futuro). Una cinta
poco lograda, lenta y con un sinfín de tópicos,
que hizo una gran agujero en los bolsillos del,
en su día, oscarizado actor.
el polémico ­por su vida más que por su
obra­ Charles Bukowski (1920-1994) trabajó
como cartero antes de convertirse en símbolo
del realismo sucio. Su experiencia en el servicio
postal, desde 1952 a 1955 y cuando retomó la
profesión de 1958 a 1969, fue recogida en la
que fuera su primera novela El cartero (Post
Office, 1971). en esta incursión en la prosa del
hasta entonces sólo poeta ya aparece su alter
ego, henry Chinaski: un antihéroe alcohólico,
misántropo y, cuando podía, mujeriego. [...] me
enteré [...] que contrataban a cualquiera que se
presentase, así que fui y lo siguiente que supe fue
que tenía una saca de cuero a mis espaldas y que
me dedicaba a pasear a mis anchas. Vaya un
trabajo, pensé. ¡tirado!... Seguramente, luego
exclamó: ¡el curro que lleva!
Lo bueno de la literatura es que, además
de para satisfacer cualquier gusto, también
ofrece un género ideal para los que se confor-
man con cinco minutos antes de dormir y des-
pedir el día con una sonrisa. Éste es el caso de
la siguiente obra y que no es otra que una re-
copilación de cartas. Cartas reales, escritas, en-
viadas y recibidas. Julius henry Marx (1890-
1977), elevado a icono del siglo XX bajo su
nombre artístico de Groucho Marx, fue un in-
cansable escritor de cartas. Sus hermanos, hi-
jos, médico, amigos, políticos, compañeros de
profesión e incluso el presidente Truman reci-
bieron alguna de las misivas ­escuetas, por
regla general­ rebosantes del ingenio de este
genio. Como se recoge en la introducción de
Las cartas de Groucho, cuando los editores le
sugirieron la idea de publicar sus cartas, en
1967, Groucho les telegrafió: Recibida su carta
e inmediatamente quemada. Prefiero que los
extraños no husmeen en mi correspondencia.
Lo discutiría con detalle, pero mi secretaria
tiene una cita dentro de cinco minutos... con-
migo. ¡Menos mal que cambió de opinión!
Después de esto solo cabe decir una
cosa... ¡Pasen y lean!
rabindranath Tagore (1861-1941) nos regaló una
pequeña obra de arte que lleva el nombre de El
cartero del rey. Se trata de una pieza teatral ­por
su extensión `accesible' hasta para los que se
les hace duro leer lo que se ha escrito aquí para
reseñarla­ con la que seguro hasta al más áspero
de alma se le enturbie la mirada. el también
conocido como `gurú del amor' recoge en este
poema dramático las ilusiones que despierta en
un niño la apertura de una oficina del Correo
real frente a su ventana...
Y un poema dramático
Texto: Pablo almera
Miguel Strogoff. es casi obligado empezar por
esta obra que narra las vicisitudes del cartero
por pura excelencia, del héroe que lo es por
cumplir con su trabajo. el francés Julio verne
(1828-1905) escribió en 1876 esta novela que
rápidamente se convirtió en paradigma de la
literatura de viajes extraordinarios.
Las aventuras y desventuras del correo
del zar se catalogan como lectura recomen-
dada para jóvenes. Y es un error. habría que
clasificarla como obligada para todos los pú-
blicos. Baste decir que esos grandes depre-
dadores de literatura que son el cine y ­su
hermana pequeña­ la televisión se han ser-
vido de la novela nada menos que en 16 oca-
siones.
De la aventura al melodrama. otra de las
grandes novelas que comienzan con la lec-
tura de una carta no esperada y cierran con
el final de la misma, también fue llevada al
cine. Se trata de Carta de una desconocida,
del autor austriaco Stefan zweig (1881-
1942). La novela (Brief einer unbekannten),
escrita en 1927, narra la pasión de un amor
no correspondido, tan largo como una vida
y con todas sus consecuencias en el devenir
de varias personas. Su adaptación cinemato-
gráfica, protagonizada por Joan Fontaine y
Louis Jourdan, fue dirigida con acierto por el
alemán Max ophüls.
rebosante de amor, pero sin tanto dra-
ma en la forma, nos topamos con Ardiente
paciencia, más conocida como El cartero de
neruda (1983), obra del chileno antonio
Skármeta (1940). Un joven pescador, de
nombre Mario Jiménez y de carácter un tan-
to haragán, es conminado por su padre a
buscar trabajo. así relata Skármeta cómo lo
encuentra: fue uno de aquellos días de des-
consolado vagabundeo, cuando descubrió un
aviso en la ventana de la oficina de correos
que, a pesar de estar escrito a mano y sobre
una modesta hoja de cuaderno de matemáti-
cas, asignatura en la que no había destacado
durante la escuela primaria, no pudo resistir.
el único requisito que le exigen y cumple
para ser cartero de Isla negra es tener bici-
cleta. La única advertencia que le hacen es
que tan sólo tendrá un cliente, un tal Pablo
neruda. Mario va intimando con neruda y,
enamorado como está de Beatriz, le pide
que le ayude a ser poeta para conquistarla.
De fondo, la reciente historia de Chile con el
golpe de estado que derrocaría a Salvador
allende en 1973... Y hasta aquí podemos
leer, aunque no pocos serán los que conoz-
can el desenlace por la popular película El
cartero (y Pablo neruda) (1994), de Michael
radford.
AMOR y CIENCIA FICCIóN
Del romanticismo a la ciencia ficción. el norte-
americano David Brin (1950), ganador de los
premios más importantes del género (hugo,
nebula, Locus, Campbell...), partió de un ori-
ginal supuesto: tras una guerra ­se supone
que nuclear, aunque no se explicita en el tex-
to­ los estados Unidos han caído en un esta-
do post-apocalíptico sin gobierno, orden, ni
comunicaciones. Un individuo, en su deam-
bular sin rumbo por el norte del país, encuen-
tra el cadáver de un miembro del servicio
postal del que aprovecha su uniforme. Sin
proponérselo, se convierte en El cartero
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El correo en las artes
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Carteros de libro
eL MUnDo PoSTaL en La LITeraTUra, eL CóMIC, eL CIne o La PoeSía
`Miguel
Strogoff', de
Julio verne,
representa al
cartero por
excelencia
comunicación