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Sala de Telegrafía del Siglo XIX

Sala de Telegrafía del Siglo XIX

En esta sala dedicada a la telegrafía óptica y eléctrica durante el siglo XIX, se muestran, entre otras piezas únicas, la maqueta de una torre de telegrafía óptica del sistema francés Chappe, un heliógrafo de campaña, unas botellas de Leyden y unas pilas de laboratorio.

E la telegrafía eléctrica se presenta una muestra de aparatos telegráficos de los sistemas Breguet y Morse. Entre ellos, un receptor de dos agujas Foy y Breguet, un transmisor y un receptor Breguet. En cuanto a los morses, varios modelos de manipuladores, acústicos, receptores de cinta y una estación portátil morse, que está puesta en funcionamiento. Cierra la sección un retrato al óleo de Samuel Morse con su receptor al fondo.

Pr lo que se refiere a los cables submarinos, el visitante podrá admirar una maqueta del buque cablero español “Castillo Olmedo” y un muestrario de secciones de cables submarinos.

Sala de Telegrafía del Siglo XIX La transmisión de señales tradicional, complementada por el descubrimiento del anteojo, dio origen en 1794 a uno de los sistemas que cubrieron las necesidades de comunicación durante buena parte del siglo XIX: la Telegrafía óptica. La adopción por España de este medio de comunicación fue más tardía. Utilizando un sistema propio ideado por Agustín de Betancourt y el relojero suizo Breguet, las primeras líneas de telegrafía óptica se instalan en la década de 1830.

En la segunda mitad del siglo XVIII y gracias a la electricidad estática suministrada por las botellas de Leyden comenzaron a aparecer diversos prototipos de sistemas electrotelegráficos. Así, las ventajas de la electricidad aplicada al telégrafo desbancaron pronto a la telegrafía óptica. El telégrafo eléctrico de aguja se instala en las líneas férreas europeas y el procedimiento de transportar la información por medio de la electricidad está basado en los del telégrafo óptico de Chappe y su código. Otro sistema, ideado por el francés Breguet, transmite en caracteres alfabéticos y consta de un transmisor y un receptor en los cuales la situación de los caracteres alfabéticos y numéricos presenta el mismo esquema.

El gran volumen de tráfico de telegramas exige aumentar la velocidad de transmisión y disponer de más enlaces. Esta es la gran aportación del sistema Morse aunque recurriendo a la codificación de nuevo. A partir de este momento se comienzan a crear redes nacionales, para más tarde unirlas entre sí y formar una gran red internacional que garantizara la comunicación a escala universal. Aun así, quedaba un obstáculo insalvado: el mar. Para salvarlo se inventaron los cables submarinos.